La gesta del histórico ciclista Rafael Antonio Niño, mi ídolo
Por: Duván Marín Martínez
Duele en el alma cuando nuestros ídolos de juventud parten a la eternidad y duele más, porque son del deporte y han dejado huella.
El deceso del ciclista boyacense Rafael Antonio Niño Munevar a sus 76 años, es un caso patético porque fue ícono, al titularse en su doble condición de novato y debutante en la Vuelta a Colombia de 1970.
Este recuerdo es de mis 14 años, cuando apenas llegaba a laborar en la radio manizaleña. La Voz del Ruiz de Caracol marcó mis inicios deportivos, después de compartir con las leyendas radiales de la época en una llegada de la caravana ciclística a nuestra sede caracolera del centro de Manizales.
Desde ese año idolatré a Rafael Antonio Niño y traigo esta memorable semblanza de uno de los más grandes del deporte nacional, porque su partida la he sentido como el que más. Es un sencillo y merecido homenaje.
Niño obtuvo la camiseta de líder en las etapas Pereira-Manizales y Manizales-Honda. Luego la contrarreloj Honda-La Dorada y la final La Dorada-Bogotá. La sorpresa en el lote fue mayúscula y el más emocionado era “Cochise” Rodríguez favorito, después de triunfar en cuatro vueltas en la década del 60.
Niño fue el legítimo sucesor de “Cochise” quien cruzó primero durante 36 etapas, mientras que el boyacense lo hizo en 14. El de Cucaita su municipio natal, fue campeón del giro nacional durante seis veces 1970, 1973, 1975, 1977, 1978 y 1980; además obtuvo cinco clásicos de la cadena radial RCN en la misma década, el segundo certamen de importancia del calendario colombiano en toda la historia ciclística.
Las victorias de Rafael las cantó y firmó en el mismo decenio 1970 y 1980, con llamativa menuda figura, su cuerpo era espigado, delgado, de piernas y brazos largos y de una fuerza corporal impresionante. La potencia en sus pedalazos lo distinguían en el pelotón, cuando se insinuaba la montaña y en el tramo más empinado, era como si dejara plantados a todos los que intentaron seguirle el paso, pero sucumbieron y solo quedaban con la mirada hacia el horizonte. Lo verían de nuevo en medio de la celebración en la meta.
Era demoledor en su máquina. Hizo la mejor demostración en su primera aparición ante la élite, para la mayoría era extraño.
Niño tenía otra característica: descendía sin miedo, cortaba las curvas sin temor a caerse y casi acostado sobre el pavimento. Así lo exhibió en el vertiginoso descenso desde el páramo de Letras, límites de Caldas y Tolima, después de cruzar el premio de montaña en los 3680 metros sobre el nivel del mar, luego de dejar en el camino a los más cercanos de la clasificación general.
Rafael lucía la tricolor amarilla, azul y roja. A su paso por Letras saludó a los aficionados que portaban la bandera en la recta de Almacafé, pleno páramo. El Nevado del Ruiz como testigo a la derecha y los toros de lidia de la feroz ganadería de DosGutiérrez a la izquierda; tomó agua de sus dos caramañolas y emprendió la bajada como enloquecido, embravecido, sabía que si “Cochise”, Suárez, Gustavo Rincón, Pacho Triana, Pablo Hernández, Álvaro Pachón o Carlos Montoya lo alcanzaban sería muy difícil derrotarlos en la interminable recta trazada entre Mariquita y Honda bajo unos 30 grados de temperatura, después del duro ascenso bajo 12 grados.
En 80 kilómetros el ambiente natural en carretera cambió del gélido frío al terrible calor tolimense. Fueron 127 kilómetros entre Manizales y Honda, todos de plena concentración sobre su caballito de acero.
Rafael Niño sabía que triunfar en esa etapa era clave para su primer título, pensaba además que como todos lo veían como novato, no lo referenciaban en la variada carretera, llena de columpios siempre con obstáculos y la dificultad de superarlos desde la subida y en la arriesgada estampida hacia la planicie tolimense era inminente.
Antes de llegar a Honda, Niño fue alcanzado por Gustavo Rincón quien le arrebató el liderato en la meta. Al otro día hubo contrarreloj, ganada por un ciclista español y en el cierre del certamen, la fracción La Dorada-Bogotá, decisiva al paso por Villeta al Alto La Tribuna; ahí atacó Niño con su paisano Miguel Samacá, recuperaron tiempo; Samacá ganó la fracción y Niño el liderato, su primer título, por 2 minutos de diferencia sobre Rincón.
Era la primera vez que un corredor novato de 20 años ganaba la afamada Vuelta a Colombia. La gesta era seguida por miles de aficionados al ciclismo gracias a las emocionadas narraciones y comentarios de Carlos Arturo Rueda, Alberto Piedrahíta Pacheco, Julio Arrastía, Pastor Londoño, Wbeimar Muñoz, Eucario Bermúdez, legendarias figuras de la radio en las cadenas Caracol y RCN. El país deportivo se paralizaba desde el Amazonas hasta la Costa Atlántica escuchando las transmisiones del giro ciclístico nacional.
Rafael Antonio Niño fue el protagonista central en el estadio El Campín, donde el primero en levantarlo en hombros fue el antioqueño “Cochise” Rodríguez.
Vinieron los títulos de vueltas y clásicos. Niño se convirtió en referente del pedalismo nacional. Luego laboró como entrenador y condujo al estrellato a varios ruteros quienes siguieron sus pasos, entre ellos los que incursionaron por primera vez en las grandes del ciclismo de Europa; Francia, Italia y España supieron del hombre que entre sus 20 y 30 años se convirtió en el corredor más coronado en 11 eventos ciclísticos, los más trascendentales de Colombia. Estuvo al lado de Lucho Herrera en su título ganado en la Vuelta a España.
Por este resumen, me alegra traer los recuerdos a la vez que duele y entristecen en lo más profundo, despedir al inolvidable Niño de Cucaita.
Paz eterna para el distinguido deportista boyacense Rafael Antonio Niño Munevar. Hay muchos jóvenes que conocen su historia e intentaran seguirla.
“Porque todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo”. (Romanos 10:13)




