Mi opinión

No defenderé las dos medallas de oro

No defenderé las dos medallas de oro: mi obligada ausencia de los Juegos Deportivos para Periodistas Acord Colombia

Por: Duván Marín Martínez

«Confieso que es mucha la nostalgia por el hecho de no poder asistir a los Juegos Deportivos Nacionales de Acord-Colombia en Ibagué. Un pequeño accidente en carretera, en mi bicicleta, provocó la caída que me sacó de las importantes justas atléticas convocadas cada dos años y a las que religiosamente he asistido en las 17 ediciones anteriores.

Hay pesar, porque la preparación duró hasta cuando faltaban dos meses; me pierdo la oportunidad de saludar como desde hace 36 años, a por lo menos 500 colegas de 26 departamentos, con los cuales he compartido en diferentes circunstancias de la vida y en muchas ciudades, un micrófono, una máquina de escribir, una frente a una cámara de televisión, en una sala de redacción, una carretera o en la cabina de un escenario deportivo.

Duele en el alma no poderlo hacer entre el 12 y 19 de abril de este 2025, en los modernos campos y pistas de la capital tolimense, sedes de las 12 disciplinas, 2 de ellas nuevas en la programación. Estuve a solo 60 días de defender mis triunfos con las preseas doradas que me colgó nuestro presidente Faiver Hoyos en Pereira. Siento que el reencuentro con mis colegas colombianos no será posible este año por el tratamiento al cual fui sometido por los médicos que de alguna manera salieron prodigiosamente en camino, para evitar lo que hubiera sido un hecho catastrófico, al detectar que mi corazón no funcionaba como queríamos pues presentaba daños eléctricos o baja frecuencia cardíaca, como consecuencia de una bradicardia. Todo me causó extraña sorpresa.

Es decir, no estaría apto para mis competencias a las que aspiraba con todo el amor al deporte y a la representación que haría de mi Acord-Caldas. Los especialistas de la clínica Avidanti de Manizales, ordenaron múltiples exámenes hasta determinar la necesidad de implantarme un marcapasos, para que meses después pudiera retornar a mis anheladas prácticas deportivas en mi ciudad natal, mi Manizales, Palestina, Chinchiná, Cali y Jamundí, lugares preferidos para mis acostumbrados recorridos sobre mi querido y respetado ‘caballito de acero’.

Era una realidad marcada desde el servicio de urgencias de la clínica, donde inicialmente vieron que iría al quirófano para una cirugía por luxación de hombro, motivo de mi consulta, pero al ordenarse mi hospitalización, el procedimiento cambió, giró a velocidad impresionante e impactante 180 grados; vinieron tomas de sangre, ecocardiogramas, electrocardiogramas, eco-stress, tomografías de cráneo y toráxicas y otras pruebas médicas que determinaron finalmente la necesidad del estudio electrofisológico y el posterior método científico puesto a mi disposición.

Ahí se abortó la posibilidad de asistir a mis XVIII Juegos Nacionales, porque el tiempo de recuperación y el retorno a mis entrenamientos no alcanzaban para vestirme el tradicional jersey, badana, medias y zapatillas. Era tirar todo por la borda. Mis médicos, internista, Juan Camilo Salazar, electrofisiólogo, Javier Darío Prieto y deportólogo, Luis Hernando Arboleda Naranjo no me daban opción para registrarme entre los que tomarían la partida en el velódromo y en las vías ibaguereñas. En silencio, la melancolía se adueñó de mis pensamientos. La habitación hospitalaria fue mi refugio en medio de profunda aflicción y lágrimas.

Fue la dura realidad. Entendí lo que significa para tantos deportistas de alto rendimiento, favoritos para ganar un partido, una etapa, un combate, un hit, no poder asistir en representación de su país, al compromiso de su preferencia: Mundial, Panamericanos, Bolivarianos, Centroamericanos, Suramericanos y hasta lo máximo, unos Juegos Olímpicos, como ha acontecido a muchos, todo por una lesión contraída a pocos días del viaje o a minutos de la competencia. Al traste se puede ir uno, dos, tres o cuatro años de intensa preparación. ¡Que dolor!.

Este tiempo ha transcurrido en medio de los teclados y las redes, para apoyar las responsabilidades de comunicadores amigos que quieren tenerme en su nómina. Todo un honor, que además sirve de bálsamo, mientras no puedo atender a mis ‘bici-amigas’ de montaña o de ruta, las que estoy seguro me esperan para reanudar en el velódromo o en las destapadas vías de La Rochela, La Cabaña, Quiebra de Vélez o Santágueda.

Atletismo, billar, ciclismo, bolo, natación, baloncesto, voleibol, tejo, ajedrez, fútbol de salón, tenis de mesa y fútbol estarán en acción por la mejor clasificación en el cuadro de medallería. Esta vez no las tendré en vivo…las viviré en redes o comunicados emitidos desde los sitios donde estarán en juego, dos años de acondicionamiento.

La semana deportiva de mis amigos periodistas será extraña para mí. Recordaré en la distancia el abrazo, el apretón de manos, el linimento, la hidratación, el pito arbitral, la uniformada, el sentirse veloz, el aplauso, la pegada al balón, especialmente el más fuerte pedalazo a mi bicicleta, siempre atenta a la fuerza que pueda imprimirle, para cruzar primero la meta y lógicamente sentiré la falta de una sincera felicitación y la celebración, con mis paisanos encabezados por nuestro delegado Gabriel Fernando Cárdenas; todo de la mano de los emocionantes y ordenados protocolos.

En definitiva, las dos medallas de oro obtenidas en Pereira, hace dos años, no las podré defender. Los médicos tuvieron la palabra, Dios y mi familia me ganaron la carrera. No puedo arriesgar. habrá más oportunidades. ! Siento mucha tristeza!…»
(fotos: Alejandro Marín Pineda)

(Porque nada hay imposible para Dios. Lucas 1:37)