Avenida Héctor Julio Chaparro Mesa. En vida
«Ser periodista es la forma de vida más divertida sin monedas». Ser feliz sin lo innecesario, es la idea del axioma de Héctor Julio Chaparro Mesa.
Él habla de divertirse pobre, pero no aplica en semejante abundancia de vivencias doradas.
Alguna vez en medio de un ágape por su bonhomía, después de una celebración en el CAR Centro de Alto Rendimiento de Bogotá, en compañía de Oscar Saúl Cortés Cristancho, bautizamos en alegoría al espíritu deportivo la avenida Mutis, la calle 63, en todo el eje recreodeportivo desde el parque el lago hasta el Jardín Botánico Mutis, con el nombre AVENIDA HÉCTOR JULIO CHAPARRO MESA.
En nosotros, sus amigos gratos y gratuitos, ese eje central de la vida deportiva en Bogotá, lleva su nombre en la posteridad de nuestra memoria. Un acto simbólico de significado irreversible. Nos autoriza nuestra voluntad y autodeterminación en el espíritu deportivo que nos permite seguir remando con la misma fe vital. Nuestras familias han nutrido la integridad que nos sostiene en el juego limpio de vida digna autónoma, de lo recorrido a bordo del deporte sin mancha.
Héctor Julio Chaparro Mesa, más de sesenta y cinco años divulgando el deporte, es uno de los periodistas de esta especialidad con mayor trayectoria y longevidad reconocido en el gremio deportivo Colombia. El relato de las horas de vuelo en la profesión da para miles de páginas de una riqueza vivencial única como su singularidad.
Forjamos una amistad perpetua desde un primer ágape en su honorable hogar, su casa donde hoy «alarga los años» bien dice, en junio de 1980, ahí en el Caney. Apenas iría en ese año a mis primeros Juegos Deportivos Nacionales en Neiva, cinco meses más tarde ese año. Ahí en esa reunión trenzamos amistad irreversible con la familia y parcería periodística posterior con su primogénito Julio Daniel, efebo de 18 años en aquella celebración.
Vanguardia Deportiva, bautizamos el primer emprendimiento periodístico en el cual nos encontramos cuatro voluntades con todo el futuro en el ecosistema mediático a partir de la radio. La primera oficina que tuvimos con firma propia.
Propósito, el mejor periodismo posible en los Juegos Deportivos Nacionales Villavicencio 1984, primer aplazamiento. Éramos en orden etáreo, Héctor Julio Chaparro, Rogelio Gómez, Rolfe Buitrago y el aquí infidente relator. Vivimos los Juegos en enero de 1985, cada uno en algún rol particular. Seguimos remando en vida los cuatro en lugares distintos y concepción de vida singular.
Héctor Julio Chaparro Mesa tiene el disco duro en su memoria de la verdad sobre el deporte colombiano en siete de las diez décadas, el siglo que se cumple el próximo año, en la historia del máximo rendimiento deportivo nacional.
Su nieto Daniel historiador, dedicado al periodismo y su defensa, bien podría hacer lo mejor posible, pertinente en este legado que conserva en vida nuestra historia deportiva. Su abuelo es autoridad, memoria de proceso periodismo y deporte en Colombia.
«PELEA» OLÍMPICA 1996 JUEGOS OLÍMPICOS DEL CENTENARIO
Como los matrimonios, los amigos entrañables alguna vez tienen algún desencuentro. Nos dimos ese lujo en un encuentro memorable que nos enfrió la comunicación algún tiempo. Fuimos a emberracarnos en los Juegos Olímpicos del Centenario Atlanta 1996. Desierto para Colombia en resultados. Únicos Juegos Olímpicos sin podio colombiano desde 1980 y bajo la Constitución del 91, ley 181 de 1995.
Compartimos con Héctor Julio, en misión periodística autónoma, individual, espacio de domicilio durante los juegos y por algún episodio temperamental pusimos pausa al habla. Absurdo. Nunca vulneramos la lealtad, integridad de la amistad. Creo que el malo fui yo. Patología, peleadera desde infancia. Cero violencia. «Estirar jeta» dice el adn tunjano del viejo Chapa, el mismo de mi señora madre. Nos perdimos ese espacio y ni una foto. Otra de mis manías, no dejarme incluir en fotos. No tengo fotos de Atlanta 96 Juegos Olímpicos y mis primeros Paralímpicos. Casi ninguna de viajes y medios. Anonimato fotográfico.
Héctor Julio, estos 46 años compartidos nos otorgan a cada uno, como somos, caminantes a pie, en la calle, página propia, autónoma, en la verdad histórica del deporte en Colombia. En su caso toda la autoridad con sus veinte años de mayoría en trayectoria vital periodística. En mi oportunidad, el legado pionero en periodismo con los más vulnerables en la equidad, diversidad, inclusión, innovación del deporte derecho inclusivo y accesible con todos. Historia construida desde el paralimpismo que nadie nos podrá timar. Ahí fue posible vivir lo mejor de nuestro tiempo.
En 46 años y para siempre, nunca perdimos la amistad que se nos dio irrompible, de mármol, por el camino de vida compartida. El Maestro Chaparro disfrutó siempre las mieles de su simpatía, cajita musical. Sabe guardar muy bien su temperamento. Camina sus años bien disfrutados con todos sus afectos. Celebro el privilegio de contar su amistad como trofeo vital, galardón en el podio de la confianza rotunda que se disfruta con los amigos de vida digna autónoma total.
Lo mejor en su longevidad, salud y todo el amor ágape de familia que nutre su valiosa presencia vital querido Maestro, amigo siempre. Bendiciones.
(Hernando Ayala M)
“Yo soy el pan de vida”. (Juan 6:48)
