Un mes de la tragedia
Ya son 30 días de la tragedia del terremoto en Colombia, donde fallecieron, en Cali, la prima Karoll Mora Peláez y sus hijitos, Emilio y Antonia. Agradecemos la solidaridad de familiares y amigos.
En la misa del primer mes estuvieron, entre otros, su esposo Pachito Lozano; y su hermana Jenny Mora Peláez, quienes hablaron a los asistentes, bastante compungidos, con el dolor de todo ser humano que atraviesa por tal situación. Compartimos las sentidas palabras de Jenny dedicadas al recuerdo de su hermana y sobrinos:
Hermanita de mi vida, no es nada fácil escribirte estas palabras y saber que ya no estás en mi vida. Recuerdo cuando supimos que venías en camino, fue una gran alegría; te cuidábamos tanto, te hablábamos y queríamos que nacieras pronto. El día que llegaste, ese 2 de septiembre, no fuimos al colegio, solo deseábamos poder tenerte. Nos llenaste de alegría, esos hermosos ojos azules como el cielo llenaron de dicha a nuestra familia. Eras nuestra bebé y siempre fuiste así. Crecimos, tomamos caminos diferentes, pero aun así siempre había algo que nos conectaba; tu espíritu aventurero de conocer nunca fue impedimento para alejarnos. Te pido mil veces perdón si en alguno de esos momentos difíciles que pasaste en tu vida no estuve ahí para apoyarte, pero fuimos creciendo y nuestras vidas se volvieron a unir.
Te doy gracias por ser esa hermana que siempre tenía un buen consejo, por escucharme y sobre todo por estar en los momentos más felices de mi vida: el nacimiento de mis niños, el día de mi matrimonio y ser nuestra madrina, y el más especial, los 15 años de mi Juanis, y el último que compartimos, donde en todas tus tortas siempre fuiste el centro de todo por el inmenso amor que le colocabas a cada detalle.
Voy a extrañarte, voy a extrañar tus llamadas, las felicitaciones de cumpleaños en videollamadas, nuestras fiestas de fin de año y navidades donde hacías de todo para unir a la familia. Pasamos momentos muy felices. Lo único que tengo es darle gracias a Dios porque me regaló a la mejor hermana del mundo, con tanto amor para dar, tanta comprensión y bondad en su corazón: la mejor mamá, la mejor hija, la mejor esposa, la mejor amiga, su gran sentido del humor, siempre queriendo dar sin esperar recibir, sus grandes amores por los perritos, y esas horas y horas hablando donde nos reíamos de todo en familia.
Hermanita, gracias por darme esos dos sobrinos tan maravillosos.
Mi Toñicienta, para mí siempre fuiste una niña hermosa, inteligente, valiosa; tus comentarios nos hacían reír y sentirnos muy orgullosos, mi modelo favorita. Te amo tanto, tu tía Coco.
Mi Emi hermoso, siempre queriendo saber el porqué de las cosas, inteligente, con tu gran sentido del humor, guapo, y tu gran talento por el dibujo. Compartieron tantos juegos con Junis y pasaron tan felices que siempre serás mi niño favorito.
Mi Lupita consentida, tan frágil, pero con tanto amor en su corazoncito. Yo sé que estás feliz al lado de mamá, porque ella era la luz de tu vida. Pachito, quiero agradecerte tanto por haber hecho tan feliz a mi hermanita y ser ese padre presente en todo momento para los niños, por estar siempre ahí.
Dios y la Virgen te acompañan siempre de la mano; hoy no está ella, pero por siempre seremos tu familia. Gracias también a sus grandes amigas Gapato, Tines, Angélica, July, Cily y María Isabel por ser parte de su vida y estar siempre ahí, por entender su forma de ver la vida.
Le he preguntado tantas cosas a Dios y encontré algunas respuestas:
¿Por qué las personas buenas se van? Porque terminaron su misión antes que los demás, el mundo no era digno de ellos, así que los trajo de vuelta a casa.
¿Y por qué no le diste más tiempo? Porque había cosas de las que había que protegerlos.
¿Y por qué duele tanto perder a alguien? Porque el dolor es amor que ya no sabe dónde ir, y la profundidad de ese dolor habla de la profundidad de haberlos tenido.
¿Cómo sigo adelante sin las personas que amo? Nadie pierde por completo a quien ama de verdad: su luz quedó sembrada en el alma. No se fueron, solo cambiaron de dirección. El amor que se siente no es dolor, es la certeza de que lo que vivimos juntos fue real, y lo real no muere, se transforma.
Los extraño, pero sé que están en la casa de Dios Padre. Hermanita, te amo y te amaré por siempre. Mis niñas hermosas y mi Opita, los amo, los amaré por siempre. Que Dios, Jesús y la Virgen María los abracen y que estén felices en el reino de los cielos, donde algún día nos reuniremos con los que amamos.
Yequito y la tía Coco.
“Jehová te bendiga, y te guarde”. (Números 6:24)
