La leyenda continuó. Toda una odisea en la zona cafetera manizaleña con 850 en MTB
Por: DUVÁN MARÍN MARTÍNEZ
Antes de completar el primer kilómetro, la ruta estaba empinada hacia el barrio Chipre, después de la partida en la Plaza de BolÍvar. Fue el comienzo de la Leyenda Series Manizales que registró 850 ciclomontañistas de varios departamentos y un grupo de Aruba, isla sobre el Caribe. De ahí en adelante vino la imaginable odisea, primero por pavimento y 5 mil metros después vías destapadas, decoradas con piedra filosa de todos los tamaños, cascajo fino, tierra y arena, suavizadas por el torrencial aguacero de la madrugada del domingo.
Todos queríamos ser Leyenda en medio de los caminos utilizados solo por mulas y eventualmente por intrépidos motociclistas que también arriesgan con un bulto de café o racimos de plátanos con destino al pueblo. Hombres y mujeres, entre 18 y 71 años le apuntamos a 67 kms en la Carrera, o a 41 en la Travesía. Fueron 10 categorías, gravel y bike incluídas. Los élite recorrieron el tramo en casi 3 horas y los demás, hasta en 4, 5 y 6 horas.
Para unos, los vertiginosos descensos desde Manizales marcaron lo más difícil; para otros, los interminables ascensos, amplios y estrechos. Ambos tenían un abismo a la derecha, a la izquierda o en ambos costados. Tan peligroso, que con solo pensar en un desprendimiento o resbalón de bicicleta, fue preferible poner piés en tierra, para evitar accidentes. Los más avezados parecían comerse el terreno en ambos sentidos, con tal de hacer menos duradero el recorrido.
El primer caserío en la Cuchilla del Salado, donde está enclavado el Pueblito Manizaleño, sirve para dejar atrás la civilización. Después, bajo la espesa neblina, manubrio, frenos y pedaleo incesante para devorar metros con una despensa agrícola impresionante que llamaba al cese para divertir la mirada y ser testigo de las inmensas siembras de café, cítricos y otros árboles productores. Todo un espectáculo que regala la naturaleza, con la laboriosidad del campesino, azadón en mano.
Luego cruzamos fincas y más caminos de herraduras. Era la madrugada del domingo 25 de febrero y los pobladores apenas se levantaban a tomar su desayuno y aplaudir a los desafiantes deportistas. Clima agradable, temperatura promedio de 20 grados, especial para el esfuerzo. Transcurridas unas 2 horas había que hacerle frente a las trepadas. A sufrir se dijo porque la estrechez de la improvisada pista no daba para sobrepasar y otra vez, zapatillas al piso. Uno de los participantes se atrevió a decir, con razón, que esto era inhumano. Otro comentó que trataría de terminar por orgullo personal y así cada uno pensaba o expresaba con el último aliento, cualquier frase de lamento.
Las carpas de abastecimiento eran como un bálsamo. Contenían agua, gaseosas, Gatorade, papas, galletas, banano, sandía y panelitas. En cada puerto, el taller de mecánica manejado por expertos en solucionar en el menor tiempo cualquier avería. El médico Luis Hernando Arboleda, organismos de socorro, guías de ruta y de seguridad hicieron parte del gran equipo organizador encabezado por el fundador del programa, el inglés Brian Murphy y por el director general, Diego Velásquez.
Entre más pedalazos, más difícil la montaña colgada del cielo caldense. El reto era llegar sin mayores contratiempos físicos. La batalla ciclística estaba decidida y solo faltaba cruzar frente al Observatorio de Chipre, meta de las recientes Vueltas a Colombia, del Futuro, del Porvenir Tour Colombia y Campesina. El segundo paso por la Cuchilla del Salado fue de maravillosas muestras de solidaridad; los vecinos regalaron desde agua hasta bocadillos veleños, bananos y sal para calmar los calambres a los que muchos nos vimos sometidos durante los últimos 5 kilómetros y de para arriba con pendientes de 15 a 20 grados.
Llegó el final para celebrar el duelo individual, sin pensar en tiempo invertido. Lo importante fue recibir la anhelada medalla, el máximo reconocimiento al que uno aspira y al reencuentro familiar. Fue otra auténtica fiesta y osadía ciclística, como para repetirla, pero sin tantos riesgos. De nuevo fuimos !Leyenda¡.





