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“Hoy sería estrella en cualquier equipo del mundo”

Por: Germán Ríos Martínez

Alonso López, “El Pocillo” fue uno de los más sobresalientes jugadores del fútbol profesional colombiano nacidos en Manizales, más exactamente en el Barrio Vélez, un sector aledaño al cementerio San Esteban, con una historia de más de ciento diez años.

López debutó en el club Los Millonarios y allí se adueñó del puesto de marcador de punta izquierda, en una época gloriosa en la que el director técnico era el médico antioqueño Gabriel Ochoa Uribe, pero también actuó en el Deportivo Independiente Medellín, el Unión Magdalena y el Once Caldas, en la época de Francisco Maturana.

Durante su niñez, el Pocillo le dedicaba más tiempo al fútbol que al estudio, y era frecuente verlo en canchas como El Campín, de los Hermanos Maristas, La Lúker, del barrio Sanz, San Jorge y un pequeño rectángulo situado en el sector de Betania, la cual desapareció con el paso del tiempo para dar paso a una urbanización. También sacaba tiempo para entretenerse frente al cúmulo de cantinas tangueras que existían en su barrio. A la madre del “Pocillo” le llevaban quejas de que el “patojo” de la prole cuando no estaba jugando fútbol, escuchaba la melodía sureña en las afueras de cualquier cantina. Fue entonces cuando le pidió al mayor de los López, Álvaro, quien residía en Bogotá, que se llevara a Alonso, “porque ese muchacho anda muy desjuiciado”.

En la capital de la república, los López se cruzaron con Gonzalo Chalo González, un futbolista manizaleño que ya sobresalía en el club Los Millonarios y fue precisamente Chalo quien lo recomendó a los entrenadores del Ballet Azul. Jaime Arroyave Rendón, a quien llamaban “el pantalonudo” se deslumbró con las condiciones del futbolista manizaleño y fue quien lo promovió a la plantilla profesional. Arroyave era una especie de cazatalentos, de un olfato impresionante y quien no solía equivocarse. En 1983, Millonarios alineaba con Vivalda, Moisés Pachón, Alonso “Pocillo” López, José “Cheché” Hernández, Norberto Molina y Miguel Augusto Prince; Norberto Pelufo, Federico Valencia, Carlos “Vaquero” López, Ernesto Díaz y Arnoldo “Guajiro” Iguarán.

Este futbolista manizaleño es hijo de don Gerardo López, trabajador de Bavaria y de doña Margarita Palacio, unión de la que hubo cinco hijos, tres varones y dos mujeres; Alonso, el menor, cumplirá 70 años el próximo 27 de mayo; uno de sus hijos lleva el nombre de Edson, precisamente en homenaje a Pelé.

El Barrio Vélez fue una cantera de buenos futbolistas que se destacaron en el rentado del futbol profesional colombiano, entre los cuales figuraron Finot Castaño, hijo de un sastre, Orlando Marín, Leca Hincapié y el propio Chalo González; era poblado por gentes desplazadas por la violencia liberal-conservadora y por trabajadores de Bavaria. Pero el barrio Vélez fue la meca del tango en Manizales durante muchos años, y allí fueron famosas las cantinas de William López, La Cuevita, El Gaucho, de Hernán Rendón, Los Cuyos, El Bandoneón, Rincón Porteño de Isidro Márquez, El Ruedo, del padre de Néstor “El Mono Trejos”, uno de los más audaces ladrones de bancos, La Amapola, El Caribe, Flor del trigo y La Trampita, entre otras.

En ese ambiente tanguero transcurrieron los primeros años del Pocillo y esa fue una de las razones por las cuales su progenitora se lo llevó para Bogotá.

El remoquete lo heredó de uno de sus hermanos mayores, Oscar, quien trabajaba como empleado en una cafetería situada en la estación del tren, donde hoy se erige la Universidad Autónoma; era el encargado de fregar la losa y de allí obtuvo la chapa de “pocillo”.

El médico Ochoa Uribe convocó en varias oportunidades al Pocillo López a integrar el seleccionado nacional de fútbol, siendo inamovible como marcador izquierdo. “Pocillo hoy sería insustituible en cualquier equipo del mundo, porque era de aquellos marcadores que eran recios en defensa y efectivos en el ataque, centraba desde la raya con precisión casi siempre infalible”, comenta Esteban Jaramillo, el periodista deportivo manizaleño que tanto ha descollado en los medios nacionales. “Tenía la propiedad de lanzarse al ataque y regresar rápidamente”.

López Palacio jugó en un partido histórico, que no por amistoso fue trascendental para el fútbol colombiano: Millonarios se enfrentó al Santos de Brasil, que traía a Edson Arantes Do Nacimento, el Rey Pelé. El manizaleño se jugó uno de sus mejores partidos y cuando el encuentro terminó, Pelé lo buscó, lo abrazó y le dijo: “Eres muy bueno”.

El Once Caldas pasaba por una aguda crisis, y había despedido de la dirección técnica al colombiano Hernando Piñeres y al argentino Alberto Tardivo, cuando su presidente Carlos Fernando Giraldo contrató a Francisco Maturana. Fue el odontólogo chocano quien ubicó a López como medio campista, y allí arrojó sorprendentes resultados. En ese equipo se destacaron jugadores como Rubén Darío Hernández, Ricardo “Chicho” Pérez, Manuel Rincón, Víctor “Curramba” Palacios, Alexis García, Carlos Arturo Peláez, Emerson Jiménez, Juan Caicedo, James Mina Camacho, Janio Cabezas y Alonso López. Este onceno era conocido como la “Selección Francesa” y sobresalió en el rentado colombiano.

El entrenador y el futbolista compartían afición por los caballos de carrera y ambos fueron propietarios de varios ejemplares que corrían regularmente en el Hipódromo de Techo. Probablemente allí nació en Pocillo su afición por las apuestas, tanto que desde hace varios años se le ha visto ingresar rigurosamente en horas matinales a casas de juegos y apuestas ubicadas en el Centro Histórico, el Osiris, la más frecuentada.

Esta gloria del fútbol colombiano atraviesa un momento muy difícil en su estado de salud, está recluido en su casa de habitación, donde recibe a los amigos que quieren entregarle un testimonio de admiración y solidaridad.

“Lámpara es a mis pies tu palabra” (Salmo 119:105)